"El número de mujeres detenidas en los últimos años ha crecido muchísimo. El comercio de drogas es un delito asociado casi siempre a la pobreza cuando hablamos de mujeres. Generalmente, sus maridos y otros familiares también están presos por esto. Cuando ellos caen, ellas se hacen cargo del negocio", describe Ciro Lo Pinto, defensor oficial ante el Tribunal Oral Federal. Le ha tocado defender innumerables casos de mujeres dealers o "mulas" (transportadoras de drogas). Cuando trafica droga lo hacen en pequeñas cantidades, arriesgan sus vidas y tienen que pagar con cuatro años de cárcel, añade. "No lo hacen para hacerse ricas, muchas veces lo hacen por necesidad, porque no pueden o no quieren conseguir otro trabajo", sostiene. Y añade que, a su entender, la Justicia no suele evaluar bien la situación de necesidad con la que actúan las "transas" y las "mulas". "Hay mucha insensibilidad con las mujeres. Cuando les dan prisión domiciliaria, por ejemplo, no pueden salir de sus casas. ¿Y cómo hacen para mantener a sus hijos si muchas veces ellas son el único sostén del hogar?", plantea. "Se debería atenuar la pena contra ellas. No estamos frente a un delincuente potencial: ni siquiera hay violencia en el delito que cometen. Esta situación no se soluciona con cárcel, sino con verdaderas políticas de desarrollo e inclusión", concluye.